Desde que llegué a este mundo que siempre fui distinto, diferente al resto. Era extraño. Hijo único durante casi seis años. Cuando nació mi hermana todo cambió..
Durante mi infancia arrastré ciertos problemas de concentración, problemas para socializar; tenía una percepción distinta.
Solía distenderme con juguetes: autos, muñecos, guitarra, etc. Eran parte de mi mundo, un mundo donde no entraban las mujeres, los amores, las responsabilidades. Pero siempre me costó salir de mi mundo, de mis intereses para abrirme a cosas nuevas, más trascendentales..
En el jardín solía aislarme. Siempre viví en mi mundo, un mundo en el cual yo me encerré y me dejé absorber con el paso del tiempo. Era como una burbuja, un sinfín de metas inconclusas, de sueños, ideales que sólo yo comprendía. Siempre me costó el estudio, emprender algo, tener constancia. De ahí muchas angustias, desolación, entre otras cosas.
Mis padres me vivían haciendo las cosas, motivo por el cual siempre me sentí una persona totalmente incapaz e inútil.
En estos momentos pienso en despertar a ese niño interior, observarlo, analizarlo profunda y detenidamente bajo el bisturí de la auto-crítica. Porque intentar cambiar de rumbo a esta altura, cuando vengo cargando una mochila enorme es cuasi imposible. Y tal vez en ese niño interior resida la respuesta a mis conflictos internos. Cuestiones que ni la terapia ni nada puedan resolver. Sólo yo puedo resolverlas, analizando a ese niño, ese yo, que pasó por el tiempo hasta convertirse en quien soy hoy día..
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